miércoles, 3 de febrero de 2016

Gula parte 4

Caminé por aproximadamente media hora, la luz de mi varita era cada vez más tenue, los capullos de animales muertos se hacían más grandes mientras me adentraba en la cueva, y algunos estaban abiertos, aquello que habitaba allí abajo debía ser muy grande para tener tanta comida almacenada, en un punto de la cueva encontré hongos luminosos, su fluorescencia permitía ver el pasillo en el que estaba, cuando mi varita luminosa por fin se apagó los hongos fueron mi guía. Tras unos quince minutos de caminata más, el hambre y el cansancio empezaron a hacer mella, encontré una pila de huesos, los cuales parecían humanos, pero en ese momento pensé que era sólo mi mente cansada, tomé lo que parecía ser un fémur, estaba roto por un lado y pensé que podría servir de arma, el brillo verdusco de los hongos de la cueva marcaban un camino muy bien definido, sentía miedo de no saber a donde me llevaban los hongos, pero era mejor que quedarme esperando en la oscuridad. Pensé mucho en mis amigos, 3 ya estaban muertos y Marco estaba desaparecido, tal vez ya estuviese muerto también, por un momento pensé que no saldría de allí, no había murciélagos ni insectos en la cueva, sólo los hongos y los capullos de telaraña, no se sentía ninguna corriente de aire, ni un mísero rayo de luz entraba en las profundidades nefastas de aquélla cueva, sólo el sonido de mis pasos cada vez más cansados se escuchaba, «Abandonad toda esperanza», sin darme cuenta pise un charco, lo que logró romper el estado depresivo que me envolvía, puse atención en el suelo y vi más charcos de agua, debía estar debajo de un río, o muy cerca de el. Busqué las partes donde el agua se juntara más, el brillo de los hongos de la cueva reflejado en los charcos daba un aspecto irreal a la cueva, tras unos momentos de seguir los charcos comencé a escuchar el rumor del agua corriendo, pensé que su lograba hallar el río podría encontrar una salida, tras caminar un poco siguiendo el rumor del río encontré una gotera donde por fin pude beber agua, me lave la cara también, sólo para descubrir que tenía la telaraña plateada en mi rostro, además de unas esporas amarillas muy raras, la piel del rostro me picaba y sentía un ligero dolor de cabeza, el hambre estaba afectando mi cuerpo. No recuerdo exactamente como pasó, todo estaba borroso y a penas podía ver, estaba agasapado frente a uno de los capullos, estaba abierto y yo tenía en mis manos su contenido, mi boca estaba llena de una especie de carne húmeda, para mi cerebro consiente era repulsivo, pero mi gusto decía lo contrario, sentía un sabor muy delicioso, lo más delicioso que jamás he probado, casi como una fuerza superior me poseyera seguí comiendo hasta que sólo quedaron huesos, dejé caer los restos de mis manos y comiense a temblar, mi estómago estaba satisfecho pero yo quería más, me quedé llorando en silencio hasta que el deseo de comer pasó. Me levante con la mente más relajada y decidí seguir buscando la salida, no podía dejar de pensar en ese estado de gula, y en el cuerpo mordisqueado de Liz, ahora sabía que había algo más ahí abajo y que estaba hambriento.